La película de los hermanos Augusto y Matías Sinay, rodada íntegramente en Córdoba con el apoyo del Polo Audiovisual, fue seleccionada para dos de los festivales internacionales más importantes del circuito cinematográfico. En octubre llegará al Festival de Cine de Varsovia, de Clase A, y, pocos días después, tendrá su presentación en Sitges, una de las principales citas mundiales del cine fantástico. Con una historia que combina jazz, aventura, ciencia ficción y paisajes serranos, la producción lleva una historia nacida en Córdoba hacia públicos de distintas partes del mundo.
“El trompetista y el fantasma” tendrá, en octubre, su estreno internacional en el Festival de Cine de Varsovia, en Polonia, y, luego, desembarcará en Sitges, España. El primero integra el grupo de festivales de Clase A reconocido por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF), mientras que Sitges es uno de los encuentros de referencia para el cine fantástico y de género. Para los directores Augusto y Matías Sinay, la doble selección representa la llegada a grandes escenarios internacionales de una película realizada íntegramente en Córdoba.
El largometraje fue rodado, principalmente, en escenarios naturales de la provincia, con locaciones en Traslasierra y la Pampa de Achala, entre otros puntos. El 80% de la historia transcurre en la naturaleza y su producción involucró a más de 30 actores y más de 70 personas en el equipo técnico. El proyecto contó, además, con productores asociados privados y el apoyo del Polo Audiovisual de Córdoba a través del programa Cash Rebate, y tuvo ocho meses de trabajo de postproducción, con más de 100 efectos digitales.
Jazz, cómics y paisajes serranos
Un trompetista de jazz frustrado recibe una oportunidad que puede cambiar su vida: audicionar ante un reconocido músico. Para prepararse, se instala en una cabaña en las sierras de Córdoba, pero sus ensayos despiertan a un fantasma invisible que le propone un trato: ayudarlo a tocar lo suficientemente bien como para ganar la audición a cambio de que desentierre un misterioso tesoro oculto en la montaña.
La historia nació del deseo de sus directores de explorar dos géneros que siempre les habían interesado: la aventura y la ciencia ficción. Pero también de la intención de recuperar el espíritu de las películas, libros y cómics con los que crecieron. “También está inspirado un poco en los cómics europeos tipo Tintín y Lucky Luke”, explica Matías Sinay. La referencia no es casual: la película toma a un personaje cotidiano y lo coloca frente a una aventura extraordinaria.
A esa influencia se suma una búsqueda vinculada con el territorio. El jazz, una pasión de los directores, se encuentra con las sierras cordobesas, un paisaje que ambos conocen desde chicos. Así, elementos cercanos a sus propias experiencias se transformaron en el punto de partida de una historia fantástica. “Fuimos uniendo todos estos gustos y transformándolos en una gran aventura cordobesa”, resume Matías.

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