Cine en establecimientos carcelarios

La Agencia Córdoba Cultura y el Departamento de Educación del Servicio Penitenciario llevan adelante el programa de cine en los establecimientos carcelarios de Córdoba.

El actor Juan Palomino apadrina el cine móvil. En septiembre de 1999, comienza a rodar una idea que termina estampada en una pared. La iniciativa de concretar una actividad cultural en las cárceles cobra forma y encuentra en una pantalla el vehículo para conectar dos mundos paralelos. A la vez, brinda a los internos rudimentos sobre la operación de equipos de audio y video. Este programa cumple en septiembre la mayoría de edad, y se alza como uno de los proyectos culturales de mayor continuidad.

En un principio el programa recibe el nombre de Cine Club Sin Fronteras y, sencillamente, consiste en la proyección de una película a un grupo de internos en la entonces penitenciaría de barrio San Martín.

A raíz de la muy buena recepción por parte de los internos y de una evaluación altamente positiva de las autoridades penitenciarias, la iniciativa del departamento de Cine de la Agencia Córdoba Cultura incorpora una instancia de diálogo y reflexión sobre las películas. Más adelante, incluye un taller básico de operación en audio y video.

Este ciclo de cine concreta algunas funciones en la cárcel del Buen Pastor, cuando el establecimiento funcionaba en la céntrica manzana de barrio Nueva Córdoba, convertida en 2007 en el paseo cultural. El ciclo también realiza algunas experiencias en la cárcel de Encauzados en barrio Güemes, y en el Complejo Esperanza. Más adelante, extiende su servicio cultural a internos en los penales de Monte Cristo, Cruz del Eje y Villa Dolores.

En el año 2010, el Cine Móvil Córdoba se presenta en Alemania, a lo largo de una gira por 32 ciudades. La gira incluye la proyección de la película Un oso rojo, doblada al alemán y seguida de una instancia de reflexión al igual que en Córdoba, en las cárceles de Hamburgo, Tübingen, Regis-Brettingen, y Berlín.

Esta experiencia en las cárceles “muestra de manera efectiva el rol del Estado en un proyecto de inclusión social, y la capacidad de generar espacios creativos en ambientes hostiles”, opina Drincovivh. Dentro del contorno de una prisión, “la reflexión en sí misma es un espacio de creación, que alimenta la elaboración de ideas”, agrega.

 

 

 

agosto 23rd, 2017